jueves, 1 de septiembre de 2005
Bernard Henri Lévy hablaba en...
... una entrevista sobre un profesor (no recuerdo si era Bergson) que tuvieron él y otros compañeros suyos en la facultad (hoy reconocidos profesionales) que terminó sus días enfermo, no recuerdo si de esquizoofrenia u otra enfermedad psíquica. Confesó, no sé si con cierto remordimiento, que ni él ni sus compañeros acertaron a interpretar acertadamente los síntomas de enfermedad que observaban en su relación con él. Mencionó una imagen que hoy, al descubrirme a mí mismo releyendo una vez más mis propios textos antiguos, regresa a mí memoria. Hablaba del polvo acumulado sobre los apuntes repartidos por la mesa de su despacho (la del profesor de marras). B.H.L. lo interpretaba, a la luz de las posteriores revelaciones como una señal, un indicio de la obsesión de aquel hombre por aferrarse al pasado o por la incapacidad de renovar su trabajo, de emprender otros nuevos.
Innacción, bloqueo, inhibición son palabras que se me vienen a la cabeza en un intento de sintetizar y verbalizar algo que desde otro punto de vista pueden ser una acumulación de sensaciones, de recuerdos...
¡Echarle morro! Hablar en coloquio, pedir en barra, entrar a tías...
Innacción, bloqueo, inhibición son palabras que se me vienen a la cabeza en un intento de sintetizar y verbalizar algo que desde otro punto de vista pueden ser una acumulación de sensaciones, de recuerdos...¡Echarle morro! Hablar en coloquio, pedir en barra, entrar a tías...
Si Jung sostenía que...
... el impulso creador está causado por un desequilibrio interno del artista y la obra es, por consiguiente, un intento de compensar dicho desequilibrio... ¿A grandes desequilibrios grandes obras? No creo que sea siempre así y lo voy a justificar:
Desequilibrarse, en principio, se puede desequilibrar cualquiera. Pero no crea quien quiere sino quien puede ¿Qué quiero decir con esto? Pues que alguien con vastos conocimientos dispone de más recursos para contrarrestar un desequilibrio ¿Del tipo que sea? Cuanto más vastos, más tipos. Habría, tal vez, que generalizar el concepto de conocimiento y extenderlo no sólo a cultura sino también a experiencia. Alguien con gran inteligencia podría, pese a no tener demasiados conocimientos, tener capacidad para dar con los que necesite ¿Siempre? A mayor inteligencia mayor capacidad. Habría, tal vez, que generalizar el concepto de inteligencia y extenderlo no sólo a la popularmente conocida como académica sino también, por ejemplo, a gestión de emociones, propias y extrañas.
Desequilibrarse, en principio, se puede desequilibrar cualquiera. Pero no crea quien quiere sino quien puede ¿Qué quiero decir con esto? Pues que alguien con vastos conocimientos dispone de más recursos para contrarrestar un desequilibrio ¿Del tipo que sea? Cuanto más vastos, más tipos. Habría, tal vez, que generalizar el concepto de conocimiento y extenderlo no sólo a cultura sino también a experiencia. Alguien con gran inteligencia podría, pese a no tener demasiados conocimientos, tener capacidad para dar con los que necesite ¿Siempre? A mayor inteligencia mayor capacidad. Habría, tal vez, que generalizar el concepto de inteligencia y extenderlo no sólo a la popularmente conocida como académica sino también, por ejemplo, a gestión de emociones, propias y extrañas.
Diálogo abruptamente interrumpido
V.- [menos sorprendida que resignada] ¿Tú qué haces aquí?
J.- Ya ves: chapando.
V.-¿Y vienes hasta aquí a estudiar estando en tu escuela?
J.- [tono de entusiasmo] ¡No , no! Vengo desde mi casa.
V.- ¿Cómo desde tu casa?
J.- ...
V.- ¿Por qué no te quedas en casa estudiando?
J.- [torpe intento de iniciar una conversación] Es que mi casa es lo peor... Sabes ¿No?
V.- [es difícil no entrar en esa dinámica] ¡No! ¿Por qué?
J.- [casi resoplando] Porque allí no hay forma de hacer nada: enseguida te aburres... te pones a hacer cualquier cosa...
V.- Y aquí ¿Qué pasa? ¿Que hay atracciones?
J.- ¡Hombreee! Aquíii se respira una atmósfera deee...
V.- [una mirada que trata de dar claras muestras de no compartir esa pretendida complicidad]
Y blablablá.
Coche, casa, mesa, perro, calamar, idea que obsesiona la mente de Ángel: “El águila y la niebla” de Narciso Ibáñez Serrador ¿De qué va? ¿Y qué me cabe esperar de la vida? Porque en arreglo a eso tendré que actuar y yo qué sé ¿Y cómo puedo saberlo? En esta clase de delicadas situaciones cualquier absurda decisión que se tome podría ser fatal y no quiero cometer más errores que me hundan aún más en la miseria. No sé si equivocarme a conciencia hasta cansarme de hacerlo, hasta que no sea posible equivocarse más y significar entonces haber tocado ya fondo y estar emergiendo ¿Porqué jugar al fútbol? ¿Porqué salir de copas? ¿Porqué seguir o dejar la beca? ¿Porqué escribir o no hacerlo? ¿Porqué irse o no a estudiar al extranjero o a vivir fuera de casa? ¿Porqué salvar o no las focas y tener o no hijos y formar una familia o no hacerlo? ¿Me volveré loco de soledad? ¿Qué voy a hacer si no; si no puedo no estar sólo, si me siento tan radicalmente incomunicado que me automargino de la sociedad y no espero nada de ella y yo sólo nada puedo hacer y de nada valgo? ¿Qué me impide pegarme un tiro? ¿Con qué fuerza y con qué intención voy a seguir viviendo? ¿Qué fines perseguir? ¿Cómo saber si me llenarán o me estaré engañando? ¿Hasta qué punto, de nuevo, cualquier decisión que tome será fruto de un intento de escapar, de huir, de olvidar un lamentable error y será consecuentemente también errónea? ¿Estaré viviendo como ahora escribo?: Parece que sí. Conseguir con que sea una respuesta me da ciertas fuerzas pero puedo estar cometiendo otro error y, de ser así ¿Cómo averiguarlo si nadie parece conocer las repuestas o estar dispuesto a plantearse siquiera las preguntas? ¿Qué cabe esperar de nuevo, entonces, de la humanidad? ¿Sobrevivirán los más fuertes y los más afortunados? ¿Seré simplemente fuerte pero no afortunado? ¿Es la suerte tan decisiva? ¿Condiciona tanto? Cercós: ¿Será feliz? ¿Más feliz que yo (porque lo parece)? ¿Será su felicidad más ilusoria que mi profundo malestar? ¿Será feliz Miguel Ángel? ¿Lo será Ana? ¿Lo será Miguel? ¿Lo será Javi? ¿Lo será Borja? ¿Lo será alguien? ¿Dará igual? ¿Cómo puede seguir la gente adelante sin ser feliz, sin idea de cómo serlo? ¿Cuánta gente creerá en Dios? ¿Será posible no hacerlo; vivir sin esperanza? ¿De qué puede ser uno capaz sin ella? ¿De las mayores atrocidades? ¿Y cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿eh? ¿Cómo no rayarse?
Tengo la molesta sensación de que el odio me consume y me deja a un paso de casi cualquier cosa y eso me da miedo.
J.- Ya ves: chapando.
V.-¿Y vienes hasta aquí a estudiar estando en tu escuela?
J.- [tono de entusiasmo] ¡No , no! Vengo desde mi casa.
V.- ¿Cómo desde tu casa?
J.- ...
V.- ¿Por qué no te quedas en casa estudiando?
J.- [torpe intento de iniciar una conversación] Es que mi casa es lo peor... Sabes ¿No?
V.- [es difícil no entrar en esa dinámica] ¡No! ¿Por qué?
J.- [casi resoplando] Porque allí no hay forma de hacer nada: enseguida te aburres... te pones a hacer cualquier cosa...
V.- Y aquí ¿Qué pasa? ¿Que hay atracciones?
J.- ¡Hombreee! Aquíii se respira una atmósfera deee...
V.- [una mirada que trata de dar claras muestras de no compartir esa pretendida complicidad]
Y blablablá.
Coche, casa, mesa, perro, calamar, idea que obsesiona la mente de Ángel: “El águila y la niebla” de Narciso Ibáñez Serrador ¿De qué va? ¿Y qué me cabe esperar de la vida? Porque en arreglo a eso tendré que actuar y yo qué sé ¿Y cómo puedo saberlo? En esta clase de delicadas situaciones cualquier absurda decisión que se tome podría ser fatal y no quiero cometer más errores que me hundan aún más en la miseria. No sé si equivocarme a conciencia hasta cansarme de hacerlo, hasta que no sea posible equivocarse más y significar entonces haber tocado ya fondo y estar emergiendo ¿Porqué jugar al fútbol? ¿Porqué salir de copas? ¿Porqué seguir o dejar la beca? ¿Porqué escribir o no hacerlo? ¿Porqué irse o no a estudiar al extranjero o a vivir fuera de casa? ¿Porqué salvar o no las focas y tener o no hijos y formar una familia o no hacerlo? ¿Me volveré loco de soledad? ¿Qué voy a hacer si no; si no puedo no estar sólo, si me siento tan radicalmente incomunicado que me automargino de la sociedad y no espero nada de ella y yo sólo nada puedo hacer y de nada valgo? ¿Qué me impide pegarme un tiro? ¿Con qué fuerza y con qué intención voy a seguir viviendo? ¿Qué fines perseguir? ¿Cómo saber si me llenarán o me estaré engañando? ¿Hasta qué punto, de nuevo, cualquier decisión que tome será fruto de un intento de escapar, de huir, de olvidar un lamentable error y será consecuentemente también errónea? ¿Estaré viviendo como ahora escribo?: Parece que sí. Conseguir con que sea una respuesta me da ciertas fuerzas pero puedo estar cometiendo otro error y, de ser así ¿Cómo averiguarlo si nadie parece conocer las repuestas o estar dispuesto a plantearse siquiera las preguntas? ¿Qué cabe esperar de nuevo, entonces, de la humanidad? ¿Sobrevivirán los más fuertes y los más afortunados? ¿Seré simplemente fuerte pero no afortunado? ¿Es la suerte tan decisiva? ¿Condiciona tanto? Cercós: ¿Será feliz? ¿Más feliz que yo (porque lo parece)? ¿Será su felicidad más ilusoria que mi profundo malestar? ¿Será feliz Miguel Ángel? ¿Lo será Ana? ¿Lo será Miguel? ¿Lo será Javi? ¿Lo será Borja? ¿Lo será alguien? ¿Dará igual? ¿Cómo puede seguir la gente adelante sin ser feliz, sin idea de cómo serlo? ¿Cuánta gente creerá en Dios? ¿Será posible no hacerlo; vivir sin esperanza? ¿De qué puede ser uno capaz sin ella? ¿De las mayores atrocidades? ¿Y cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿Cómo no rayarse? ¿eh? ¿Cómo no rayarse?
Tengo la molesta sensación de que el odio me consume y me deja a un paso de casi cualquier cosa y eso me da miedo.
Diálogo
A.- ¿Qué esperas exactamante cuando pides a alguien que te deje leer algo que ha escrito?
B.- ¿Que lo haga?
A.- ¡Ya! Pero... ¿Para qué?
B.- Para saber lo que escribe.
A.- ¿Y qué con eso?
B.- ¿Qué de qué?
A.- ¿Te interesa su vida? Pongamos que escribe su vida.
B.- Todo el mundo escribe su vida.
A.- No hay la misma vida en todo lo que se escribe ¿Qué buscas exactamente?
B.- ... .
A.- Tengo una teoría: es por instinto de supervivencia.
B.- ¿Cómo?
A.- Tu cuerpo, por suerte y por desgracia, es tuyo de una manera que no es de nadie más
........................................................................................................
B.- Yo creo que una buena combinación de las dos cosas...
A.- Ni siquiera a eso le encuentro demasiado sentido. No encuentro sentido a leer algo que no tenga algo nuevo que aportar y no creo necesario estimar los millones vidas brillantes precisas para alumbrar algo nuevo.
B.- Si un texto tiene o no algo que aportar lo puede decidir quien lo lee.
A.- No se trata de eso, se trata de que aquello que un texto vaya a aportar lo pueda hacer otro preexistente ¿Qué necesidad hay entonces del segundo?
Dado que esto es algo que toda persona de provecho, en la medida en que lo sea, tiene presente, la única razón que encuentro para pedir a alguien que te deje leer algo que ha escrito es descargarse uno de la angustia que pueda producirle no estar aportando nada nuevo o, en el peor de los casos, nada bueno (si hubiera diferencia) -“No sé si estoy o no haciendo algo bueno pero, por lo menos es mejor que esto otro o es diferente”-. Otra cosa sería que alguien escribiera algo a otra persona, entonces estaríamos habalando de...
B.- ¿Que lo haga?
A.- ¡Ya! Pero... ¿Para qué?
B.- Para saber lo que escribe.
A.- ¿Y qué con eso?
B.- ¿Qué de qué?
A.- ¿Te interesa su vida? Pongamos que escribe su vida.
B.- Todo el mundo escribe su vida.
A.- No hay la misma vida en todo lo que se escribe ¿Qué buscas exactamente?
B.- ... .
A.- Tengo una teoría: es por instinto de supervivencia.
B.- ¿Cómo?
A.- Tu cuerpo, por suerte y por desgracia, es tuyo de una manera que no es de nadie más
........................................................................................................
B.- Yo creo que una buena combinación de las dos cosas...
A.- Ni siquiera a eso le encuentro demasiado sentido. No encuentro sentido a leer algo que no tenga algo nuevo que aportar y no creo necesario estimar los millones vidas brillantes precisas para alumbrar algo nuevo.
B.- Si un texto tiene o no algo que aportar lo puede decidir quien lo lee.
A.- No se trata de eso, se trata de que aquello que un texto vaya a aportar lo pueda hacer otro preexistente ¿Qué necesidad hay entonces del segundo?
Dado que esto es algo que toda persona de provecho, en la medida en que lo sea, tiene presente, la única razón que encuentro para pedir a alguien que te deje leer algo que ha escrito es descargarse uno de la angustia que pueda producirle no estar aportando nada nuevo o, en el peor de los casos, nada bueno (si hubiera diferencia) -“No sé si estoy o no haciendo algo bueno pero, por lo menos es mejor que esto otro o es diferente”-. Otra cosa sería que alguien escribiera algo a otra persona, entonces estaríamos habalando de...
Diálogo
“Así que cae uno en un pozo, la idea
de ser uno dueño de su vida cambia
drásticamente”.
Ángel M. Núñez
de ser uno dueño de su vida cambia
drásticamente”.
Ángel M. Núñez
S.- Tu historia la vas a tener que escribir tú.
Á.- ¿Por qué he de ser yo solo? Existen profesionales, gente que me puede ayudar ¿No?
S.- Prescindir o no de esa ayuda es una decisión que, en todo caso, a ti corresponde.
Á.- ¿Y qué debo hacer?
S.- Ni siquiera yo tengo respuestas para todas las preguntas.
Á.- Pero... ¿Las hay?
S.- Si las hay o no, es algo que debe ser descubierto.
Á.- ¿Sabremos cuándo hemos dado con una?
S.- Cada día mejor.
Á.- ¿Cómo salir de un pozo?
S.- ¿Tú como lo harías?
Á.- Depende: gritaría desde el fondo a ver si alguien puede oírme desde la superficie. Pero esa no sería mi única posibilidad: estudiaría la superficie de las paredes y la profundidad del agua en el fondo para evaluar el riesgo de una posible caída al intentar subir trepando. Además, si hubiera también un cubo en el fondo con una cuerda atada que pasara por una polea tal vez intentaría tirar cuidadosamente de ella hasta conseguir que el otro extremo quedara dentro del pozo y tratar a continuación de cobrarlo desde el fondo... ¡No; eso no sería posible! El hecho de que el pozo esté o no seco parece relevante por la probabilidad de que alguien vaya a coger agua. En todo caso, se da uno cuenta de la importancia de alguien que se impaciente por tu retraso y sepa dónde buscarte. Encuentro el ejemplo muy interesante porque se pueden distinguir en él factores que no pueden ser controlados en absoluto en conjunción con otros que dependen más de uno mismo y que pueden suponer que dicho pozo quede convertido en tu tumba por los siglos de los siglos o reducido a un episodio que algún día recordarás entre risas mientras tomas café tranquilamente... ¿Cómo se supone que me he caído al pozo?
S.- [con una sonrisa] Ésa que demuestras es una buena actitud.
Á.- Celebro que así lo creas y espero que sean los nuestros pozos poco profundos, de abundante agua y muy concurridos.
S.- Así lo espero también.
Á.- ¿Por qué he de ser yo solo? Existen profesionales, gente que me puede ayudar ¿No?
S.- Prescindir o no de esa ayuda es una decisión que, en todo caso, a ti corresponde.
Á.- ¿Y qué debo hacer?
S.- Ni siquiera yo tengo respuestas para todas las preguntas.
Á.- Pero... ¿Las hay?
S.- Si las hay o no, es algo que debe ser descubierto.
Á.- ¿Sabremos cuándo hemos dado con una?
S.- Cada día mejor.
Á.- ¿Cómo salir de un pozo?
S.- ¿Tú como lo harías?
Á.- Depende: gritaría desde el fondo a ver si alguien puede oírme desde la superficie. Pero esa no sería mi única posibilidad: estudiaría la superficie de las paredes y la profundidad del agua en el fondo para evaluar el riesgo de una posible caída al intentar subir trepando. Además, si hubiera también un cubo en el fondo con una cuerda atada que pasara por una polea tal vez intentaría tirar cuidadosamente de ella hasta conseguir que el otro extremo quedara dentro del pozo y tratar a continuación de cobrarlo desde el fondo... ¡No; eso no sería posible! El hecho de que el pozo esté o no seco parece relevante por la probabilidad de que alguien vaya a coger agua. En todo caso, se da uno cuenta de la importancia de alguien que se impaciente por tu retraso y sepa dónde buscarte. Encuentro el ejemplo muy interesante porque se pueden distinguir en él factores que no pueden ser controlados en absoluto en conjunción con otros que dependen más de uno mismo y que pueden suponer que dicho pozo quede convertido en tu tumba por los siglos de los siglos o reducido a un episodio que algún día recordarás entre risas mientras tomas café tranquilamente... ¿Cómo se supone que me he caído al pozo?
S.- [con una sonrisa] Ésa que demuestras es una buena actitud.
Á.- Celebro que así lo creas y espero que sean los nuestros pozos poco profundos, de abundante agua y muy concurridos.
S.- Así lo espero también.
Una vez Jorge hizo una apuesta conmigo...
... consistía en que teníamos un mes para escribir algo y el que lo hiciera mejor ganaba. A Jorge se le acabó el plazo y yo no fui capaz de escribir más que esto:
Fragmento de texto:
Brazos de hojas moviéndose entre la luz de la tarde temprana de otoño, el viento llevando todo el ocre de la tarde a los ojos de Ana. Vagabas de uno a otro por los cuadros tan hermosa como eras, como eres, tan inexpresivos como son. Respiraba un poco más fuerte, te dejaba verme mirarte... ¿Qué buscabas? ¿Qué descubriste? ¿Quién eras? Quién cuando, en una sola mesa una sola taza, esperabas deteniendo miradas y ojeabas un periódico, todo el gris de los pasillos en la cafetería.
Poema inacabado:
Prisión por la que discurre
la hiel dando a luz lo fresco
y final a lo marrón.
Cuadrado golpe de barro
en una sola chispa;
caliente humedad, hondo fragmento.
Dura como saliva amarga arena,
revela al...
Fragmento de texto:
Brazos de hojas moviéndose entre la luz de la tarde temprana de otoño, el viento llevando todo el ocre de la tarde a los ojos de Ana. Vagabas de uno a otro por los cuadros tan hermosa como eras, como eres, tan inexpresivos como son. Respiraba un poco más fuerte, te dejaba verme mirarte... ¿Qué buscabas? ¿Qué descubriste? ¿Quién eras? Quién cuando, en una sola mesa una sola taza, esperabas deteniendo miradas y ojeabas un periódico, todo el gris de los pasillos en la cafetería.
Poema inacabado:
Prisión por la que discurre
la hiel dando a luz lo fresco
y final a lo marrón.
Cuadrado golpe de barro
en una sola chispa;
caliente humedad, hondo fragmento.
Dura como saliva amarga arena,
revela al...
Para la prada de la luenga osadía...
... no ve cartel quien de diez oseas causa uno y bien halla una fuente de fino cereal blanco un filamento de buenas intenciones e intachable honor ¿Dónde conduce esto? ¿Dónde me lleva? ¿A qué espera dar lugar? ¿Quién tiene qué sitio reservado? ¿Se pone cada uno o a cada uno en su sitio? ¿Un sitio en el que se ponga pasa a ser su sitio? ¿Qué diferencia existe entre preguntarse y escribir, entre hacerlo y no hacerlo? Las ganas de escribir llevan a escribir. Entonces escribir pasa a significar algo ¿Qué busco en las palabras que escribo? ¿De qué pretendo escapar? ¿Quién ha dicho que las preguntas sean más importantes? Desde luego lo que no significa eso es que preguntar por el hecho de hacerlo valga algo en sí mismo. Ahora bien, lo que se escribe acostumbran a ser respuestas. A la raíz de toda respuesta acostumbramos a postular una pregunta, aunque la desconozcamos... ¿Qué pregunta subyace a esto?
Diálogo ficticio:
A.- A veces, te mataría a polvos.
B.- Espero con impaciencia el momento en que te decidas a hacerlo.
Fin del ficticio diálogo.
¿Por qué me desentiendo deliberadamente de lo que voy escribiendo? Subyace una intención: crear sin pensar, sin esfuerzo ¿Y es eso posible, en este momento en que cualquier cosa que merezca la pena parece surgir fruto del trabajo? ¿Qué les queda a esas personas que sólo trabajaron una vez? ¿Por qué siento com si pudiera seguir escribiendo de esta manera toda la tarde? ¿Qué impulso me empuja a seguir hasta la extenuación, a la busca de palabras, con la esperanza de que todo irá apareciendo? ¿Por qué tengo a personas presentes mientras lo hago? ¿Por qué no dejo de hacerme preguntas? ¿Pude haber ganado un premio literario? Me lo tendría que haber propuesto: nunca podría haberlo ganado sin proponérmelo, no hubiera tenido qué presentar ¿Qué valor hubiera tenido? -¡Hombre!: podría haber ganado- ¿Qué hubiera escrito si lo hubiera hecho para ganar? ¿Un excelente entrenamiento, tal vez? ¡Qué importante es el entrenamiento, aunque sea inconsciente o involuntario! -Puede que precisamente si lo es-.
¿Por qué me llaman para preguntarme algo que podrían haber hecho en cualquier otro momento que, de hecho, ya han hecho antes y cuya respuesta sospechaban (por anteriormente escuchada, seguramanente)? Según Luis, por soledad –y aburrimiento, me atrevería a añadir yo, porque si la soledad es buscada...-. No es por soledad es por aburrimiento. No es la primera vez que me pregunto esto: ¿Qué es, en qué consiste el aburrimento?...
Diálogo ficticio:
A.- A veces, te mataría a polvos.
B.- Espero con impaciencia el momento en que te decidas a hacerlo.
Fin del ficticio diálogo.
¿Por qué me desentiendo deliberadamente de lo que voy escribiendo? Subyace una intención: crear sin pensar, sin esfuerzo ¿Y es eso posible, en este momento en que cualquier cosa que merezca la pena parece surgir fruto del trabajo? ¿Qué les queda a esas personas que sólo trabajaron una vez? ¿Por qué siento com si pudiera seguir escribiendo de esta manera toda la tarde? ¿Qué impulso me empuja a seguir hasta la extenuación, a la busca de palabras, con la esperanza de que todo irá apareciendo? ¿Por qué tengo a personas presentes mientras lo hago? ¿Por qué no dejo de hacerme preguntas? ¿Pude haber ganado un premio literario? Me lo tendría que haber propuesto: nunca podría haberlo ganado sin proponérmelo, no hubiera tenido qué presentar ¿Qué valor hubiera tenido? -¡Hombre!: podría haber ganado- ¿Qué hubiera escrito si lo hubiera hecho para ganar? ¿Un excelente entrenamiento, tal vez? ¡Qué importante es el entrenamiento, aunque sea inconsciente o involuntario! -Puede que precisamente si lo es-.
¿Por qué me llaman para preguntarme algo que podrían haber hecho en cualquier otro momento que, de hecho, ya han hecho antes y cuya respuesta sospechaban (por anteriormente escuchada, seguramanente)? Según Luis, por soledad –y aburrimiento, me atrevería a añadir yo, porque si la soledad es buscada...-. No es por soledad es por aburrimiento. No es la primera vez que me pregunto esto: ¿Qué es, en qué consiste el aburrimento?...
La lluvia remitía...
... lentamente y se consolidaba la noche. En la calle se restablecía la actividad: de debajo de los soportales no dejaba de aparecer gente que se sacudía el pelo y la ropa con un cierto gesto de sorpresa y buen humor poco antes de que los primeros de un numeroso grupo de perros...
...en Dios, ...
... en la ciencia, en el amor... En algo. Como parece que, lo que fuere ese algo, por más que lo hemos buscado, no lo hemos podido ni oler, ni ver, ni oír, ni tocar nunca, lo hemos llamado dimensión espiritual; para poderlo distinguir de lo demás, de la realidad concreta en la que a lo único que podemos aspirar es a no morirnos y esto sabemos que, tarde o temprano, terminará sucediendo. Es esta dimensión espiritual en la que localizamos nuestros deseos, nuestros sentimientos, nuestras esperanzas, nuestro conocimiento del mundo también. Es la que nos acerca a Dios la que nos hace semejantes a él. Pero los hombres no somos Dios; vivimos a medio camino entre lo que anhelamos y lo que tenemos, entre lo que queremos y aquello con lo que tenemos que conformarnos, entre Dios y el mundo en que vivimos que tira con fuerza de nosotros reclamándonos para sí...
Ejercicio de análisis sobre conversación desarrollada...
... durante la noche del último fin de semana de julio del ’04:
Se habló de diferencias de género en humanos en la actitud respecto del sexo; las prácticas y las relaciones sexuales. Se sostuvo la tesis de la mayor tendencia a la promiscuidad del hombre que de la mujer. Desde otra posición se cuestionó el hecho girando el debate en torno a la confusa relevancia de factures genéticos/genéricos y culturales/ambientales. Se citaron ejemplos de prácticas calificables como promiscuas de mujeres que no se daban tanto en hombres. Ej.: actitud de mujeres en “strip-teases” masculinos. Se opusieron a este hecho (anecdótico, por otra parte) evidencias en la tradición española del pasado reciente de una mayor permisividad o aceptación social de usos lúdicos del sexo orientados a varones....
Se habló de diferencias de género en humanos en la actitud respecto del sexo; las prácticas y las relaciones sexuales. Se sostuvo la tesis de la mayor tendencia a la promiscuidad del hombre que de la mujer. Desde otra posición se cuestionó el hecho girando el debate en torno a la confusa relevancia de factures genéticos/genéricos y culturales/ambientales. Se citaron ejemplos de prácticas calificables como promiscuas de mujeres que no se daban tanto en hombres. Ej.: actitud de mujeres en “strip-teases” masculinos. Se opusieron a este hecho (anecdótico, por otra parte) evidencias en la tradición española del pasado reciente de una mayor permisividad o aceptación social de usos lúdicos del sexo orientados a varones....
Aunque a nadie parecía importar...
... la música era atronadora. Se bebía, se fumaba, se manchaba, se reía, se golpeaba la gente una con otra intentando bailar, llegar de un sitio a otro, afianzar su posición... En el retumbar de la cabeza de Pablo las palabras se articulaban con lentitud -¿Cuántas copas? Cinco copas... y ésta; seis- Cansado, inexperto una noche más, sus ojos enrojecidos y vidriosos oteanban la presencia de mujeres alrededor, sin palabras. Cuando el sonido ensordece, las excreciones corporales reemplazan los perfumes en una atmósfera espesa de humo, cuando la nicotina y el alcohol adulterado entumencen los paladares, cuando de torpes pasan a bruscos, hasta violentos los tactos, domesticados en la costumbre, nos limitamos a mirar. La escasez de luz confundía los colores de los tejidos en un espectáculo de piel que se desvelaba en volúmenes, queriendo ser carne. Carne que buscaba carne que huía de la carne, seducida por la carne, carne que bailaba extrañada de sí misma...
miércoles, 31 de agosto de 2005
Ayer en la biblioteca...
... mientras estudiaba (poco, como tengo por costumbre) me quedé mirando a una chica. Hasta aquí todo basatante normal. La anomalía llega cuando ella levanta la vista, la posa sobre mí y yo, en vez de apartar la mirada (como tengo también por costumbre cuando algo así sucede), la mantengo sólo un segundo. Ella sonríe, después yo y, a continuación, nos ponemos como sendos tomates maduros ¿Por qué hice esto?
"... supongamos que estás de pie en un bar hablando con uno de tus amigos, cuando tu mirada se cruza con la de una mujer extraordinariamente atractiva que está a menos de veinte metros de ti ¿Qué es lo que hace la mayoría de los hombres? Apartan la mirada. Y lo hacen rápidamente. Por supuesto, también la mayoría de ellos VUELVE A MIRAR DE NUEVO en un par de segundos. Pero ya es demasiado tarde. Examen suspendido. Prueba NO superada."
Estas palabras no son mías, son de Óscar Garrido, autor del libro de autoayuda "La ciencia de la seducción". Habrá a quien, porque lo encuentre trivial o porque le parezca una falacia, el párrafo anterior lo deje indiferente pero a mí, he de reconocerlo, me impactó.
Se me viene al hilo de esto a la cabeza una de las noches que salimos por Málaga esta última feria. Estábamos, no os lo vais a imaginar, en un garito cuando una chica gordita, más bien feúcha, no creo que me equivocara si digo que menor de edad, se nos acercó. Llevaba, a juego con las coletas, una petadísima camiseta naranja por la que tetas y lorzas se salían por igual:
- Perdón: ¿Me podéis dejar dos euros que me faltan para un cubata, por favor?
- ¿Qué?
- Es que no me llega ¿Me podéis dejar algo?
- ¿Para qué lo quieres? ¿Para una copa? ¿Cuánto necesitas?
- Dos euros.
- Anda toma, hija mía.
Al ver que le largaba lo que me pedía sin más, a la chica se le iluminó la mirada con un gesto de sorpresa que parecía decir: "¡No me esperaba tanto!". Y, supuestamente víctima de la emoción que la embargaba, me abrazó y plantó dos sonoros besos, a mí y a Rubén, que pasaba por allí "¡Qué efusividad!" -pensé- "lo que son la juventud y la escasez (no de carne sino de pasta)"...
"Digamos que estás en un bar, hablando con una mujer, y ella te dice: "Invítame a una copa". Tú respondes: "Claro ¿qué tomas?". Bien ¿sabes qué? Ella te ha dicho exactamente qué tenías que hacer y tú la has obedecido sin pensártelo ni un solo segundo. Sin oponer la más mínima resistencia. Sin aprovechar la oportunidad para utilizar algo de humor. No, nada de eso. La has obedecido ciegamente, como si fueras un manso corderito... Quizás lo seas ¡Meeeeeeec! Bocinazo. Respuesta incorrecta....".
(Óscar Garrido)
... A continuación volvió al lugar de la pista de baile que ocupaba (bastante) junto a unas presuntas amigas y algún que otro baboso de mayor edad que intentaba meterles mano con su tácito consentimiento, dejándonos con la eterna pregunta de por qué insistimos en ponernos para salir capas de invisibilidad élfica con lo poco que nos favorecen. No recuerdo si llegó a pedirse la copa...
"... supongamos que estás de pie en un bar hablando con uno de tus amigos, cuando tu mirada se cruza con la de una mujer extraordinariamente atractiva que está a menos de veinte metros de ti ¿Qué es lo que hace la mayoría de los hombres? Apartan la mirada. Y lo hacen rápidamente. Por supuesto, también la mayoría de ellos VUELVE A MIRAR DE NUEVO en un par de segundos. Pero ya es demasiado tarde. Examen suspendido. Prueba NO superada."
Estas palabras no son mías, son de Óscar Garrido, autor del libro de autoayuda "La ciencia de la seducción". Habrá a quien, porque lo encuentre trivial o porque le parezca una falacia, el párrafo anterior lo deje indiferente pero a mí, he de reconocerlo, me impactó.
Se me viene al hilo de esto a la cabeza una de las noches que salimos por Málaga esta última feria. Estábamos, no os lo vais a imaginar, en un garito cuando una chica gordita, más bien feúcha, no creo que me equivocara si digo que menor de edad, se nos acercó. Llevaba, a juego con las coletas, una petadísima camiseta naranja por la que tetas y lorzas se salían por igual:
- Perdón: ¿Me podéis dejar dos euros que me faltan para un cubata, por favor?
- ¿Qué?
- Es que no me llega ¿Me podéis dejar algo?
- ¿Para qué lo quieres? ¿Para una copa? ¿Cuánto necesitas?
- Dos euros.
- Anda toma, hija mía.
Al ver que le largaba lo que me pedía sin más, a la chica se le iluminó la mirada con un gesto de sorpresa que parecía decir: "¡No me esperaba tanto!". Y, supuestamente víctima de la emoción que la embargaba, me abrazó y plantó dos sonoros besos, a mí y a Rubén, que pasaba por allí "¡Qué efusividad!" -pensé- "lo que son la juventud y la escasez (no de carne sino de pasta)"...
"Digamos que estás en un bar, hablando con una mujer, y ella te dice: "Invítame a una copa". Tú respondes: "Claro ¿qué tomas?". Bien ¿sabes qué? Ella te ha dicho exactamente qué tenías que hacer y tú la has obedecido sin pensártelo ni un solo segundo. Sin oponer la más mínima resistencia. Sin aprovechar la oportunidad para utilizar algo de humor. No, nada de eso. La has obedecido ciegamente, como si fueras un manso corderito... Quizás lo seas ¡Meeeeeeec! Bocinazo. Respuesta incorrecta....".
(Óscar Garrido)
... A continuación volvió al lugar de la pista de baile que ocupaba (bastante) junto a unas presuntas amigas y algún que otro baboso de mayor edad que intentaba meterles mano con su tácito consentimiento, dejándonos con la eterna pregunta de por qué insistimos en ponernos para salir capas de invisibilidad élfica con lo poco que nos favorecen. No recuerdo si llegó a pedirse la copa...
Pues nada...
... he creado un blog y ahora no sé muy bien qué hacer... Se lo comentaré a los colegas a ver qué se les ocurre...
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